La máscara cayó al suelo con un golpe seco que pareció quebrar algo más que el silencio de la habitación.
Sídney respiraba con fuerza, el pecho le subía y bajaba, su mirada cargada de fuego y desdén. Su voz tembló, no de miedo, sino de una furia que había aprendido a contener durante años.
—Al principio solo quería arruinarte —dijo con un hilo de voz quebrado que poco a poco se tornó firme—. Quería verte perderlo todo, Travis. Tu orgullo, tu fortuna, tu nombre. Quería verte arrastrarte igual que yo lo hice cuando me traicionaste.
Dio un paso hacia él, con los ojos llenos de una mezcla de odio y tristeza.
—Pero luego pensé en ellos… nuestros hijos. —Su voz se suavizó, un destello de humanidad cruzó su mirada endurecida—. Por ellos no dejé que Leslie ganara toda tu fortuna. Incluso oculté a Liam, porque sabía que, si lo hacía público, Leslie y Donato te matarían. Y, aunque te lo merecías, no quise que mis hijos crecieran sin padre.
Se detuvo un instante, tragando saliva.
—No lo hice porq