La máscara cayó al suelo con un golpe seco que pareció quebrar algo más que el silencio de la habitación.
Sídney respiraba con fuerza, el pecho le subía y bajaba, su mirada cargada de fuego y desdén. Su voz tembló, no de miedo, sino de una furia que había aprendido a contener durante años.
—Al principio solo quería arruinarte —dijo con un hilo de voz quebrado que poco a poco se tornó firme—. Quería verte perderlo todo, Travis. Tu orgullo, tu fortuna, tu nombre. Quería verte arrastrarte igual que