Amara despertó sobresaltada, como si alguien la hubiera arrancado de un sueño demasiado dulce para ser real.
Estiró la mano hacia el otro lado de la cama… y encontró solo el frío de las sábanas. Liam no estaba. Su pecho se apretó de inmediato; un miedo irracional, casi infantil, le subió por la garganta.
¿La había dejado?
¿Se había arrepentido? ¿Había sido todo un espejismo?
Se levantó de golpe, descalza, caminando por la habitación como si pudiera encontrarlo escondido detrás de un mueble.
Ento