Cuando Sídney despertó, por un instante no supo dónde estaba.
Su mente vagó entre sueños y recuerdos confusos, intentando ubicar aquella sensación de calor a su lado.
El aire olía a leche tibia, a sábanas limpias y a piel. Se incorporó de golpe, sus ojos se abrieron por completo… y entonces lo vio.
Travis Mayer estaba allí, a su lado, dormido, como si el tiempo jamás hubiera pasado entre ellos.
El corazón de Sídney dio un vuelco. Por reflejo, lanzó un grito desgarrador que rebotó entre las pared