Travis permaneció junto a la camita hasta que por fin el pequeño cerró los ojos, sumido en un sueño profundo y tranquilo.
Su respiración, suave y regular, parecía llenar la habitación de una paz que él no sentía en años.
Finalmente, dejó los regalos cuidadosamente sobre una mesa, respiró hondo y salió con Sídney, caminando por el largo pasillo de la mansión con un silencio que pesaba más que cualquier palabra.
El aire fresco de la noche los recibió en el balcón principal.
La brisa movía ligerame