Un mes después.
Liam estaba sentado en la sala amplia, silenciosa y tibia del consultorio. Había regresado a ese espacio tantas veces durante las últimas semanas que ya no le parecía extraño; sin embargo, esa tarde algo dentro de él se sentía distinto. Un ligero temblor en las manos. Un vacío pesado en el pecho. Como si estuviera parado frente a una puerta que debía abrir… pero que le daba miedo atravesar.
El terapeuta lo observaba con una paciencia profunda, esa calma que parecía envolver todo