Amelia abrió la boca y dejó que Alessandro metiera la cuchara en su cavidad bucal. La textura del puré de papas, suave y perfectamente sazonada, se pegó a su paladar con precisión mientras ella cerraba los ojos para disfrutar del sabor. Tragó con lentitud y luego recibió el sorbo de jugo de remolacha que su esposo había mandado pedir específicamente para ella, insistiendo en que necesitaba recuperar hierro tras el episodio en el restaurante.
—Te he dicho que puedo comer sola, Alessandro. Lo de