Cuando el nudo de la bata de seda finalmente cedió y la tela se abrió, Amelia sintió la enorme erección de Alessandro impactando casi contra su rostro. Al principio, sus manos comenzaron a temblar de forma incontrolable. A pesar de estar casada, ella seguía siendo una mujer joven y profundamente inexperta; su único encuentro sexual previo había sido aquella noche caótica y nublada por el dolor del engaño, un recuerdo que guardaba como algo traumático. Sin embargo, el deseo ciego y el calor abra