CAPÍTULO — La vida que crece
Sofía llegó a media mañana, sin apuro, como llegan las personas que saben que no necesitan anunciarse para ser bienvenidas. Carolina la reconoció antes de que dijera una palabra. No por el sonido de los pasos, sino por algo más sutil: la forma en que el aire del cuarto cambiaba cuando ella entraba.
Antes no creía en energías ni en auras, pero desde que había dejado de ver, sus sentidos estaban alertas de otra manera. El oído, el tacto, los aromas. Todo llegaba di