Capítulo— El poder falso
Del otro lado de la pantalla, Gabriel no se había movido en más de una hora.
La imagen estaba fija: Carolina sentada en la cama, vendada, las manos quietas primero… y después no. Siempre volvían al mismo lugar. El vientre. Como si el cuerpo supiera antes que la cabeza.
Cuando Sofía dijo seis semanas, Gabriel cerró los ojos.
No hizo nada. Solo respiró hondo, como si el aire de golpe pesara más.
Colonia.
El recuerdo le llegó sin pedir permiso. La habitación, la