Capítulo— El poder falso
Del otro lado de la pantalla, Gabriel no se había movido en más de una hora.
La imagen estaba fija: Carolina sentada en la cama, vendada, las manos quietas primero… y después no. Siempre volvían al mismo lugar. El vientre. Como si el cuerpo supiera antes que la cabeza.
Cuando Sofía dijo seis semanas, Gabriel cerró los ojos.
No hizo nada. Solo respiró hondo, como si el aire de golpe pesara más.
Colonia.
El recuerdo le llegó sin pedir permiso. La habitación, la risa nerviosa, la forma en que ella lo miró esa vez.Le agradeció a Dios en silencio. No con palabras lindas, sino con esa frase simple que sale cuando el pecho no entra en el cuerpo:
¡Gracias!
Cuando Carolina sonrió al decir que veía con un ojo, Gabriel tocó la pantalla sin darse cuenta. Apenas apoyó los dedos, como si pudiera sentirla del otro lado.
Tenía cosas que hacer. Archivos que revisar. Gente esperando órdenes.
Dejó ahí. La imagen detenida en ese gesto mínimo de esperanza.
Y recién enton