CAPÍTULO 75 — Golpe corporativo
La casa de Rosa estaba en silencio.
Pero no era un silencio tranquilo.
Era ese silencio que habitaba en las casas grandes, donde ya no quedaba vida, donde nadie discutía porque todo lo importante ya se había dicho hacía tiempo… o se había evitado decir hasta pudrirse por dentro.
La mansión del abuelo Fontes seguía en pie, impecable, demasiado grande para las pocas personas que todavía la pisaban. Martín Fontes aún tenía derecho a vivir allí por su madre. Y por