Mateo llevó a Beth de vuelta a la mansión Savelli, sin pronunciar palabra en todo el trayecto. El ambiente en el auto estaba cargado de una tensión palpable.
Beth sentía su corazón acelerado, resonando con el eco de las palabras de Mateo en su mente.
«Te amo, Mateo, pero, ¿de qué sirve? Si muero, si el destino decide arrebatarnos este amor, ¿qué quedará de nosotros?»
Un nudo en su garganta se hizo más fuerte.
Pero aun así, había algo en lo profundo de su ser que deseaba aferrarse a la esperanza.