El entierro de Humberto fue desolador. La tarde estaba gris, como si el cielo estuviera por romper en una lluvia.
La mayoría de las sillas estaban vacías, y la tumba de Humberto parecía tragarse el poco brillo de la vida que quedaba en ese lugar.
Sin embargo, Tory y Joel no podían no asistir, incluso si era alguien que les dañó.
No era por él, no por el hombre que había sido un desastre en sus vidas, sino por su cuñada, Beth, que, aunque aún no lo admitiera, estaba rota por dentro.
Tory y Joel c