El día siguiente amaneció más silencioso de lo habitual.
El vuelo de Tory y Joel saldría por la noche. Las maletas estaban listas, la emoción contenida bajo una capa de calma.
Sin embargo, los hermanos Savelli tenían un último plan. Uno que llevaban días organizando sin que sus padres sospecharan.
Muy temprano, tocaron la puerta de la habitación de Roma y Giancarlo con una energía inusual para un domingo.
—¡Despierten, papá, mamá! ¡Vamos a desayunar todos juntos!
Roma frunció el ceño, pero sonri