Roma y Giancarlo llegaron al hospital en un estado de desesperación palpable. Sus corazones latían al ritmo frenético del miedo, y cada segundo que pasaba sin noticias sobre su hija sentía como una eternidad. El aire en el hospital estaba cargado de tensión, y no podían dejar de pensar en lo peor.
Al llegar, vieron a los padres de Joel. Lourdes, la madre de Joel, los miró con ojos llenos de angustia, casi como si ya estuviera preparada para lo peor.
—¿Cómo están? —preguntó Roma, su voz tembloros