Roma apretó con fuerza el volante, su pulso acelerado, el corazón latiendo frenéticamente en su pecho.
Cada vez que miraba por el retrovisor, veía cómo el auto que las perseguía se acercaba sin cesar, con la intención de embestirlas de nuevo.
El terror se apoderaba de ella, pero también una furia incontrolable que la impulsaba a no rendirse.
—¡Cory, agárrate fuerte! —gritó Roma, apretando los dientes mientras pisaba el acelerador, buscando desesperadamente una forma de perder a sus perseguidores