Capítulo: Juega juegos tontos.
Roma abrió los ojos de golpe, su respiración era errática y su corazón latía con fuerza en su pecho.
Por un momento, la confusión la envolvió como una espesa niebla.
¿Dónde estaba?
La habitación tenía un aroma a madera y humedad, las cortinas pesadas apenas dejaban entrar la luz del atardecer.
Todo parecía tan… ajeno.
Pero entonces, sus ojos se encontraron con una figura en la penumbra.
Alonzo Wang estaba sentado en una silla de madera, con los codos apoyados en sus rodillas y la barbilla descan