Matías despertó en la mañana, solo en esa cama.
Se dio cuenta de que Fernanda no estaba a su lado. Se levantó rápidamente, buscando su rastro por toda la casa. Nada. Llamó su teléfono, pero ella no respondió.
Un mensaje apareció en la pantalla:
«¿Qué quieres?»
Le envió otro:
«¿Dónde estás?»
«No eres mi dueño, puedo ir donde quiera. ¿Tienes miedo de que haya ido a ver a mi amante?»
Esa respuesta lo enloqueció. Sintió cómo la rabia crecía dentro de él, y entonces, en medio de la confusión y la ira