—¡Tranquila, Beth, vas a estar bien!
El sonido de las máquinas resonaba en la habitación, acompañando la respiración errática de Beth a través del tubo.
Sus ojos estaban abiertos, pero su mente aún flotaba en un limbo entre la conciencia y la confusión.
Su pecho subía y bajaba con dificultad mientras su mirada temblorosa saltaba de un punto a otro, sin comprender del todo dónde estaba.
Roma la sujetaba con delicadeza, como si temiera que se desvaneciera en cualquier momento.
—Beth… —susurró, sin