Los ojos de Matías se endurecieron con una frialdad que jamás antes había mostrado.
Su mirada se clavó en la mujer frente a él con un desprecio que la hizo estremecer.
—¡Maldita sea, Laura! —rugió, con la voz cargada de furia y desdén—. ¿No he terminado contigo? ¿No te ha quedado claro que entre tú y yo todo acabó? ¡Déjame vivir en paz!
Laura sintió que el mundo se desmoronaba bajo sus pies. Nunca había imaginado escuchar esas palabras de los labios de Matías.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, r