Los tres respiraban a un ritmo frenético y entrecortado. Catalina sentía la húmeda calidez de su sexo, expuesto a las ardientes y lujuriosas miradas de los gemelos, quienes le impedían cerrar las piernas.
En ese momento Sandro estaba completamente concentrado en ella, sin pronunciar palabra, observándola mientras le acariciaba las piernas con las palmas de su mano.
Caty se quedó muy quieta, a la espera.
Como si tuviera todo el tiempo del mundo, Sander comenzó besándola en la boca, y acarici