Catalina logró frenar las intenciones de Sandro de entrenar a Alexis hasta que el niño cumplió los ocho años, y aunque Caty creyó que la experiencia de aprender a disparar y someterse a entrenamientos con artes marciales le resultaría traumático, por el contrario, al niño pareció encantarle todo aquello.
El pequeño continuaba siendo sobresaliente en sus materias escolares, pero no tenía amigos. Prefería mantenerse apartado y en vez de salir a jugar en los recreos, adelantaba las tareas para no