90. La Resaca del Tiempo
Al amanecer siguiente, Aelina despertó terrible. Su garganta la sentía tan reseca como el desierto de Kolgrim, y su cabeza palpitaba con un dolor tan intenso que hasta el más tenue rayo de luz que se filtraba por las ventanas le arrancaba gemidos de agonía.
—Ahh, ¿por qué el sol hoy amaneció tan radiante en este reino que siempre está nublado...? —musitó Aelina con sus párpados apenas entreabiertos, luchando contra la luminosidad que parecía atravesar su cráneo como dagas afiladas. Sus dedos se