89. Delirios de medianoche
En ese momento, el silencio de la noche se vio interrumpido por los pensamientos turbulentos de Valdimir. Las expresiones de su rostro, normalmente herméticas, ahora reflejaban una mezcla de incredulidad y preocupación mientras observaba a la joven reina.
«¿Cuántas copas bebió, cuatro o cinco y ya está ebria? No puedo creerlo», reflexionó con su ceño frunciéndose imperceptiblemente. Con un suspiro apenas audible, declaró:
—Ya es hora de irnos.
La reacción de Aelina fue inmediata y apasionada. S