91. Intercambio de Heridas
El Rey Lobo entrecerró sus ojos, escrutando a Aelina con una intensidad que parecía capaz de penetrar hasta el fondo de su alma.
—¿No te habías dado cuenta? —preguntó, mientras la incredulidad teñía cada sílaba de sus palabras.
—¿De qué? No puedo creerlo —cuestionó Aelina, tratando de comprender cómo aquel hombre lobo, que solo parecía capaz de rudeza y mal trato, podría hacerle algún bien.
Valdimir exhaló un suspiro que pareció cargar el peso de mil años.
—Dame tu mano —ordenó, con un tono de v