Ted negó con la cabeza:
—No era eso.
Explicó que en la empresa de Esteban también había mujeres en altos cargos, y que no era raro que alguna ejecutiva viniera a su casa para organizar una reunión urgente. En cuanto a las sonrisas dirigidas a una mujer —sin importar cómo fuera realmente Esteban—, él siempre había mostrado una elegancia impecable en público, manteniendo el porte característico del hijo de la familia Ruiz, lo que hacía que muchas personas se sintieran cómodas y respetadas.
Serena