Cloris intentó averiguar más sobre Esteban:
—Lorenzo, ¿ese hombre con el que se casó Serena... era un poquito más rico que tú?
Cuando escuchó esas palabras, el semblante de Lorenzo se oscureció.
—No era "un poquito" más rico —respondió con voz tensa—. Con mi fortuna, aunque me multiplicara por cien, no podría compararme con Esteban, que era un supermillonario.
La empresa de Lorenzo era grande, sí, pero la de Esteban era un imperio: dominaba en el país y tenía gran prestigio internacional.
Que Serena hubiera logrado escalar hasta alguien como Esteban le había resultado mucho más asombroso que si Cloris hubiera subido hasta él.
Lorenzo había creído que Esteban era un hombre maduro y cargado de ego. Pero al verlo en persona, toda esa confianza se le había venido abajo: Esteban lo superaba en aspecto, postura y aura.
—¿Qué? ¿Tienes curiosidad? —preguntó Lorenzo con irritación.
Cloris negó con la cabeza:
—Solo pensaba que Serena siempre ha amado el dinero... si él era más adinerado que tú,