Serena se apoyó en la barandilla de la escalera y le hizo una seña a Esteban con la mano.
Ted, muy consciente, se retiró de inmediato. No quería quedarse como un tercero incómodo.
Esteban se acercó y, al ver cómo iba vestida, curvó los labios con una sonrisa leve.
—Hoy te ves muy bien.
Serena todavía llevaba puesto el vestido de su personaje: un vestido de terciopelo negro que marcaba con elegancia su estrecha cintura, dejando a la vista su silueta estilizada. Dos collares de perlas en su cuell