Esteban se dio cuenta de repente de que había cometido un error al juzgar a Serena como a cualquier otra persona.
En realidad, nunca podía predecir lo que pasaba por la cabeza de esa chica tan peculiar.
Sí, era inteligente… pero también tenía una forma de pensar tan retorcida que a veces resultaba imposible seguirle el hilo.
Lo que Serena tampoco sabía era que, tras luchar tanto por pasar de ser una secundaria de novela melodramática a protagonista de historia romántica, estuvo a punto —pero a