Esteban observó con interés cómo ella mordió un tercio del sándwich, y luego vio cómo su rostro se ponía rojo porque se había atragantado.
Ted, que estaba al lado, aguantó la risa y le pasó un vaso de agua a Serena, quien lo tomó y bebió un sorbo.
Le llevó un buen rato recuperarse.
No sabía por qué, pero Esteban pensó que aquella mujer era un poco tonta. Sin embargo, todavía le servía para algo, como sacarle una sonrisa.
Esteban sonrió, pero Serena se sentía frustrada y sin ganas de llorar.
Sab