Esteban observó con interés cómo ella mordió un tercio del sándwich, y luego vio cómo su rostro se ponía rojo porque se había atragantado.
Ted, que estaba al lado, aguantó la risa y le pasó un vaso de agua a Serena, quien lo tomó y bebió un sorbo.
Le llevó un buen rato recuperarse.
No sabía por qué, pero Esteban pensó que aquella mujer era un poco tonta. Sin embargo, todavía le servía para algo, como sacarle una sonrisa.
Esteban sonrió, pero Serena se sentía frustrada y sin ganas de llorar.
Sabía que no tenía buena suerte.
Había caído en un libro tan malo, convirtiéndose en un personaje secundario con un final terrible, hasta comer le causaba problemas.
Mientras comía, el teléfono de Serena sonó.
En la pantalla apareció el nombre "Donato" y Serena contestó.
No había nadie hablando en el restaurante, pero la voz fuerte de Donato salió clara por el teléfono, para que todos la escucharan.
—Serena, dentro de dos días es el cumpleaños de Lorenzo. ¿Qué planeas regalarle?
Serena miró la expr