Serena no lograba entender por qué el gran jefe tenía siempre ese aire de hastío con el mundo.
Era como si nada le interesara demasiado, como si lo viera todo sin emoción.
Probablemente porque había nacido rodeado de riqueza y poder;
cuando uno ha tenido el mundo en la palma de la mano desde la cuna, todo termina por parecerle efímero.
Por suerte, Esteban no era un sociópata ni un villano de novela.
Porque si alguna vez lo hubiera querido ser, nadie habría salido ileso.
Pero justo por eso…
Sere