Cloris se marchó llena de indignación.
Jamás había visto a un "sirviente" tan arrogante como Ted.
Le guardó un profundo rencor, y la forma en que lo miró era tan feroz que parecía que quería devorarlo con los ojos.
—Si ese viejo no se hubiera interpuesto,
Pensó furiosa:
—yo ya habría logrado hablar con Esteban.
Afuera no había mucha gente, pero igual se sentía profundamente humillada.
Sacó el móvil y llamó a alguien.
Pocos minutos después, apareció un hombre bajito y regordete.
Señor Julián se