La mañana llegó envuelta en esa calma engañosa que siempre precedía a los desastres.
El sol entraba por los ventanales de la cabaña, iluminando la madera cálida, los rostros relajados y el desorden natural de una familia que, por unos días, había decidido olvidarse del mundo.
—¡Papá! —El pequeño grito de Nefty fue lo primero que rompió el silencio.
Rowan abrió los ojos de inmediato y la buscó con la mirada, pero la niña estaba justo frente a él mirándolo con sus enormes ojos grises.
—Aquí