El tiempo no solo había pasado, había cambiado el ritmo de todos.
Una semana después, la mansión Doone estaba patas arriba, pero no por discusiones ni caos cotidiano, sino por algo mucho más raro: organización.
Maletas abiertas, ropa doblada a medias, Lily sentada dentro de una, intentando cerrarla a la fuerza mientras Rebecca le daba órdenes que nadie había pedido.
—¡Te dije que no te llevaras diez pares de zapatos! —Reclamó Rebecca, cruzada de brazos.
—¡No son diez! —Gruñó Lily desde dentro d