El tiempo volvió a hacer lo que mejor sabía: disfrazar el caos de calma.
Habían pasado varios días desde aquel enfrentamiento en la oficina. Días en los que el nombre de Angus McRae no volvió a pronunciarse en voz alta, ni siquiera en pensamientos que Rowan permitiera quedarse demasiado tiempo.
No había llamadas, no había amenazas, no había noticias, nada y eso, lejos de tranquilizarlo por completo, le resultaba sospechoso, pero también conveniente porque, por primera vez en semanas, la casa se