Friebre alta.
Los dedos de Sebastián llegaron con suavidad a la abertura, la cual estaba húmeda y ardiente, se deslizaron hacia el núcleo mientras la miraba fijamente con ojos que expresaban un cariño que jamás había manifestado.
La habitación estaba sumida en una penumbra, interrumpida únicamente por los destellos de luz que se colaban por las cortinas abiertas, pues así le gustaba dormir a él. Cada vez que el relámpago alumbraba el cielo nocturno, iluminaba el dormitorio con su resplandor y los rostros d