Después de la tormenta, viene la calma.
Mayra no tuvo fuerzas para rechazar a su ex esposo en ese beso, solo se dejó llevar por la sensación que recorrió cada célula de su cuerpo como una corriente eléctrica inesperada.
El contacto de sus labios despertó recuerdos. La calidez familiar de Anderson, el aroma de su colonia que tantas veces había impregnado sus propias ropas, y ese sabor inconfundible que conocía mejor que nadie, la transportaron a tiempos más felices, cuando el amor entre ellos parecía infinito como el horizonte al ata