Alianza.
Después de que el abogado se fue, Stella se quedó en el silencioso despacho, con los pensamientos dispersos como hojas al viento otoñal y los ojos fijos en la carpeta que había quedado sobre el escritorio de caoba pulida.
La estancia, antes llena de la voz grave del representante legal, ahora parecía más grande, más vacía, más opresiva.
Los rayos del sol de la tarde se filtraban perezosamente a través de las cortinas de seda, proyectando sombras alargadas sobre la antigua alfombra persa que