Provocación.
Al día siguiente, tras una noche de insomnio plagada de pensamientos turbulentos y decisiones difíciles que tomar, Stella decidió dirigirse hacia el despacho del abogado.
Una vez que la secretaria, una mujer de aspecto impecable y expresión distante, la anunció mediante una breve llamada telefónica al despacho, Stella se acomodó en el asiento frentero.
—Y dígame señora Arteaga, ¿qué decisión tomó? —preguntó el abogado.
—Que quede claro que no estoy aceptando por sus estúpidas amenazas, porq