Nada salió como esperaba.
La televisión estaba encendida, aunque Alessia apenas le prestaba atención.
Permanecía hundida en uno de los mullidos sillones de su sala, con una bata de satén que se deslizaba de sus hombros como una corona marchita.
Pasaba las páginas de una revista de modas sin detenerse en ninguna imagen, como si aquel gesto automático pudiera distraerla de la incomodidad que le revolvía el estómago desde hacía días.
A un costado, su celular vibraba de forma intermitente, llenándose de notificaciones que i