Los mejores días de su vida.
El aroma a café recién hecho y pan tostado se mezclaba con el suave rumor del mar que se colaba por los ventanales abiertos de la suite.
Isabella estaba sentada en la mesa, envuelta en una bata ligera de seda color marfil que parecía rozar su piel como un susurro. Sus piernas estaban cruzadas con elegancia y, mientras sostenía una taza entre las manos, sus ojos viajaban una y otra vez hacia la figura de Gabriel, como si necesitara grabar cada detalle en su memoria.
Él estaba frente a ella, impe