Inalcanzable.
Los ojos de Sebastián se posaron de inmediato en su esposa, pero no era la mujer que conocía o que esperaba ver.
El vestido rojo que llevaba no era solo una prenda cuidadosamente seleccionada, era un manifiesto silencioso de que algo en ella había cambiado para siempre. No era el blanco etéreo que Alessia le había sugerido con falsa cortesía, ni la silueta recatada que la familia Moretti solía alabar.
Era un vestido rojo.
Rojo como la determinación, como la sangre que aún latía en su pecho c