Doy por terminada la reunión.
Por un instante, el aire pareció estancarse, y Gabriel, sin apartar la mirada, sintió el peso de esa pregunta colarse bajo su piel, no por la duda, sino por lo que implicaba.
Aun así, no titubeó, mantuvo la compostura, aunque en su interior sabía que no solo estaba defendiendo una propuesta... sino a la mujer que la había redactado letra por letra.
—Le creo a los números. Y estos números no mienten —la seguridad con la que pronunció esas palabras bastó para imponer un