—¿Eres tú? Aparta tus asquerosas manos de mí.
Julieta estaba aturdida cuando, de repente, escuchó una voz de disgusto. A continuación, alguien la empujó. Cuando se incorporó, reconoció a la persona con la que acababa de chocar.
—¿Señora Jiménez? ¿Se encuentra bien?
—Je, no te hagas la simpática. ¡Si fueras simpática de verdad no estarías siempre con el novio de otra!
Julieta frunció el ceño al ver que en la cara de la señora Jiménez se dibujaba un gesto de disgusto. Justo cuando iba a explicárse