Ismael se inclinó, tomó la mano de Julieta y la puso sobre su pecho.
—Julieta, te juro que, aunque engañara a alguien, nunca te engañaría a ti. Si lo hiciera…
Aún no había terminado de hablar cuando Julieta le tapó la boca con un rápido movimiento y negó con la cabeza:
—No necesito que jures.
—Julieta…
Ismael se quedó helado por un momento y su corazón de repente empezó a latir más rápido. La forma en que miraba a Julieta se volvió más confusa. Se contuvo. Si Julieta siguiera así, podría perder