Leandro la miró fijamente con una mirada lúgubre, pero siguió sin hablar.
A Julieta no le importó su reacción y continuó:
—¿Alguna vez has pensado que, aunque tu esposa siga viva, tal vez no quiera verte?
Dijiste que la lastimaste mucho y que no te perdonó incluso cuando murió. —Ella lo miró con frialdad y enunció palabra por palabra—. Entonces, ¿por qué crees que ella, si está viva, te perdonaría ?
Cuando terminó de hablar, sintió que Leandro temblaba un poco y la expresión de su rostro se vol