Julieta no sabía cuándo pararía la lluvia así que pensó en pedir un café. Quería esperar un poco más. Pero mientras terminaba su taza de café, la lluvia se hacía cada vez más fuerte, y no parecía que tuviera intenciones de parar.
El lugar en el que se encontraba era un poco complicado, ni demasiado lejos ni demasiado cerca. Si iba al hospital, seguro que se mojaba. Si no iba esta vez, probablemente no volvería a ir.
A veces el valor llegaba en un instante y el desánimo también.
Justo cuando esta