El sol amanecía ancho y dorado sobre la ciudad de Panamá. Desde el balcón de la pequeña casa, Julieta podía oír la música de un vecino que ya probaba los tambores para las fiestas patrias. La brisa era cálida, húmeda, cargada del olor a mar y café tostado. Por primera vez en mucho tiempo, sentía que el mundo no se derrumbaba.
Dentro, Lianett revolvía unas tostadas en la sartén mientras Serena, con short de mezclilla y camiseta blanca, revisaba su lista de cosas por hacer en el celular. Era su p