Al escuchar esa voz se giró tan rápido que el cabello oscuro le rozó las mejillas. En la puerta estaba él: alto para su edad, delgado, ojos rasgados y oscuros que parecían saber demasiado para un chico de quince años. El uniforme del internado de la Agencia le quedaba un poco grande. Durante un segundo, todo su temple de agente fría se derrumbó.
—Kai… —Susurró mostrándole una sala para que entrara.
—Te vi en la transmisión, estabas en la sala de juntas. Todos te miraban. —Mara dejó la carpeta