Julieta despertó con el sol filtrándose entre las cortinas. Extendió la mano, buscando la calidez de Kenji, pero solo encontró la sábana fría. Se incorporó de golpe, la respiración entrecortada, pero rápidamente pensó en la cocina o el despacho.
Se puso una bata y recorrió la casa entera, habitación por habitación, pero no había ni rastro de él. Cada paso que daba hacía que un nudo más grande se formara en su estómago. Cuando llegó al ala donde Barak revisaba unos informes, sus ojos ya eran pu