El ala privada de la fortaleza estaba envuelta en un silencio pesado. Solo se oía, la respiración pesada de Kenji. Él, aún con la adrenalina de la discusión en el cuerpo, caminaba como un animal enjaulado. Barak, apoyado contra el marco de la puerta, lo observaba con calma, entendiendo su frustración.
—Ven —Dijo al fin. —Necesitas enfriarte. —Kenji lo miró con ojos encendidos.
—No puedo. —Gruñó. —No cuando la mujer que amo y deseo proteger me oculta lo que sea que tenga para decir. —Lo miró a l